Muy buenas
tardes, madre mía que de lluvia inunda nuestros cielos, vaya comienzo de
primavera no te parece?
Hoy me dejo
caer por aquí, porque hace unos días, que volví a leer un cuento que hace
tiempo creí olvidado de Marifé López, y hoy quiero compartirlo contigo.
El hada volaba triste entre las
hojas de los robles que formaban parte de un bosque frondoso y amplio. No era
consciente del rumbo que había tomado, ya que estaba demasiado absorta en sus
pensamientos.
Conocía todas las reglas del Gran Libro para Hadas, así como las normas y
las teorías del Buen hacer de un Hada feliz, pero no era feliz. Aunque siguiera
al pie de la letra las instrucciones del libro Jardinería fácil para el Hada hábil,
las plantas no crecían tan fuertes, grandes y bellas como las de sus compañeras.
Estaba desolada.
Siguió volando hasta que la noche le pilló por sorpresa. Se encontró
desorientada en la oscuridad, en una parte del bosque que desconocía. No tenía
miedo porque nadie haría daño a un hada. ¿O tal vez si? Ese pensamiento le provocó
un escalofrío, pero enseguida desecho.
-Bueno - se
dijo en voz alta para animarse-, volveré por donde he venido, claro,
será fácil encontrar el camino a casa .Pero la verdad era otra; no sabía
por dónde había venido.
En la oscuridad todos los robles eran iguales y la luz de la luna no
llegaba a traspasar las hojas frondosas para iluminar el suelo. Zigzagueando
con decisión para evitar los troncos, se encontró con una rama baja, que la
obligo a retroceder mientras pretendía subir y pasar por encima, pero se
había quedado atrapada. Intentaba salir hacia delante con fuerza e incluso
agarrase a la rama para despegarse, pero cuanto se movía, cuanta más fuerza hacía,
más difícil se le resultaba. Si antes se había quedado enganchada un ala, ahora
estaba las dos pegadas a algo fuerte y flexible, Intento deshacerse de ello
unas cuantas veces más, pero cada vez era peor que la anterior.
Al final estaba agotada y ya n fuerzas para luchar. Se rindió a la
evidencia. Tal vez si había alguien que quisiera hacerla daño. Fue un
pensamiento fugaz pero lo desecho rápidamente. Suspiro y decidió esperar la luz
del sol para ver qué era lo que le impedía marcharse. La trampa se movía con
cada movimiento, acunándola. Al final, sin pretenderlo, se quedó dormida. La
mañana siguiente se despertó con el roce de una pierna peluda y ras posa.
Eh, ¿qué haces aquí?-le dijo una araña vieja y enorme-.Este no es tu sito
marcha te.-Se giró y se movió lentamente sobre una tela de araña grande que
brillaba a la luz del sol y donde las gotas de roció parecían hermosos
diamantes.
-¿Eres un hada? Mis
ojos son viejos y están cansados, pero puedo oler y seguramente no eres mi
desayuno ¿.Y, que es eso de que no
puedes salir? Haz lo que hacen todas las hadas, vuela.-Pero es que no me puedo mover.
Cuando lo intento, me engancho más y más...-lloriqueo el hada.
-Pues si piensas que
voy a ayudarte, lo tienes claro, niña. No pienso estropear mi hermosa tela
porque una mocosa como tú no sabe utilizar sus dones de hada. Las hadas no se enganchan,
ni nadie les puede hacer daño. Así que espabila y deja de lloriquear, a ver si
vas a ensuciar mi tela.
-Es que no sé cómo
hacerlo -dijo el hada, mientras sorbía sonoramente por la nariz.
-¿No sabes, o no
quieres? Seguro que eres una de esas listillas que aprenden la teoría al
dedillo, pero que no tienen ni idea en que consiste ser un hada-contesto
la araña impaciente.
Amargas lágrimas
brotaron de los ojos del hada.-De acuerdo -suspiro la araña-.Voy a darte una
pista. Mira hacia arriba. Hay un capullo de oruga que no has visto hasta ahora,
porque estabas demasiado centrada en ti. Fíjate en él.
Lleva ya dos días
ahí, pronto desvelara su secreto. El hada miro, pero no vio nada en particular.
¿De qué le iba a servir contemplar un capullo? Pero como tampoco no tenía nada
que hacer, se quedó observando hasta que anocheció.
Después, se acurruco como pudo y se quedó dormida pensando que la vieja
araña le había tomado el pelo. Cuando amaneció, el capullo se había roto y, con
mucho trabajo, salió una mariposa.
El hada se despertó justo a tiempo
de verla y se quedó boquiabierta. La araña se rió por lo bajo mientras tejía su
tela.
Después de un
tiempo, la mariposa fue ganando fuerza y desplegó sus alas, de unos colores
vibrantes, rosas y azules. Era hermosa. Tras soltarse de la rama que sostenía
el capullo, se dejó llevar por la brisa. Revoloteo entre las hojas de los árboles.
Bajo hasta donde estaba el hada y se quedó en suspenso encima de ella. Antes de
seguir, contemplo al hada con mucho amor y cariño. Volaba y acariciaba cada
hoja que encontraba a su paso El hada se quedó muda de asombro; pensaba en la
expresión de la mariposa. En su mente había un torbellino. De inmediato lo comprendió
todo, y sintió una ola de calor pasaba por su cuerpo entumecido. De repente ya
no estaba pegada a la tela de araña y podía moverse libremente. Feliz, se echó
a volar como la mariposa. Volvió hacia la tela de araña para encontrarse con la
araña, que había salido de su escondite y que la miraba satisfecha.
-Eso es -dijo la
araña-. Ahora puedes ser un hada de verdad, Ya has aprendió todo lo que
necesitas saber. Así que deja de buscar nuevos conocimientos en tus libros.
Sencilla mente siente el amor, porque él te llevara siempre al lugar adecuado.
El hada se rió y se despidió con la mano. Ya no necesitaba preguntarse si
llegaría a casa, sabía que el amor la guiaría.
Precioso cuento, no te parece?
Hoy lo dejo aquí porque aunque la llegada de
la primavera haya dejado lluvias y días grises, siempre hay un cielo azul al
final del túnel, solo tienes que confiar en ti mismo y como buena hada podrás desliarte
de la tela de araña.
Buenos y primaverales días